¿Conoce usted
alguna de las ventajas de contratar un arquitecto?
Todos, en algún momento de nuestras vidas,
tenemos la necesidad de contratar un arquitecto. Ya sea para construir nuestra
nueva casa, para decorarla, para nuestras oficinas, jardines, etc. Los
problemas comienzan cuando queremos hacer de lado la figura del arquitecto para
hacerlo nosotros mismos.
Primeramente, tenga en cuenta que al contratar un
arquitecto está usted contratando una persona que se especializa en ofrecer
soluciones. Toda obra de arquitectura y/o diseño de interiores supone uno o
varios problemas iniciales, y muchos más durante la ejecución del proyecto. El
arquitecto es la figura especializada en dar solución a esos problemas de
manera adecuada y en guiar al cliente hacia la solución óptima en cada caso.
Partiendo de la máxima que reza “…un buen proyecto es,
ante todo, un buen negocio…”, el arquitecto debe convencer a su cliente sobre
las ventajas de contratarlo. Esas ventajas deben resumirse en espacios mejores
diseñados, más agradables, totalmente funcionales pero sin perder de vista el
lado económico. Todo arquitecto debe ofrecer a su cliente opciones eficientes y
eficaces desde estos tres puntos de
vista: el económico, funcional y estético.
Otra de las funciones del arquitecto es ofrecer desde el
comienzo, una visión general del proyecto, sin dejar de lado las
particularidades del mismo. Cada problema puntual exigirá una solución puntual,
pero esta no debe interferir con la visión que se concibió desde un inicio. Por
el contrario, cada solución debe ir enfocada a enriquecer el concepto inicial.
Por otra parte, no hay que olvidar que una obra, por
pequeña que sea, es muy parecida a una obra de teatro, donde intervienen varios
actores y cada uno de ellos debe entrar y salir del escenario en el momento
indicado. Albañiles, carpinteros, plomeros, pintores, etc. son los actores,
muchas veces anónimos, de cualquier obra. La perfecta coordinación entre todos
ellos no es tarea fácil, sobre todo teniendo en cuenta que es necesario sumar
en este teatro los diferentes proveedores de materiales y su entrega a tiempo.
Todo ello supone la contratación de especialistas capaces de llevar estas
tareas con éxito. Es aquí donde nuevamente aparece la figura del arquitecto.
A pesar de estas realidades, todavía hay personas que se
niegan a contratar los servicios de un arquitecto o despacho de arquitectura
por considerarlos innecesarios. Muchos creen poder hacer estas mismas funciones
sin entrenamiento previo. De estas personas solo puedo pensar dos cosas: o no
valoran mucho su tiempo, o no valoran mucho su dinero.
En varias ocasiones he sido testigo de personas que,
queriéndose evitar los honorarios de un arquitecto, incurren en gastos de
tiempo y dinero muchos más grandes, sin tener en cuenta el stress y los malos
ratos que suelen pasar.
Hace apenas unos
días vino a mí un cliente. Su casa estaba en obra negra, pero no le estaba
gustando el resultado. Fuimos a ver la obra, la cual, llamó mi atención desde
un inicio por la mezcla de estilos presente en su fachada. No había nada
coherente en su fachada. Aún en obra negra, la casa pintaba para un verdadero
desastre. Pero lo más importante, lo que
más afectaba la casa era la concepción espacial. Una columna que no dejaba ver
la escalera, sin razón de ser, obstruía las visuales y creaba espacios
pequeños. Un comedor sin visuales a ningún lado (he de aclarar que se trataba
de una casa de 250 m2 en un terreno de 500 m2) y una habitación principal sin
privacidad y lo más importante ¡¡ sin vestidor!! Solo un pequeño closet que
apenas alcanzaba para la ropa de una persona.
Lo que más me preocupó es que se había realizado la
construcción acorde a los planos, los cuales, no habían sido realizados ni
revisados por arquitecto alguno. El resultado: demolición de varios objetos de
obra, algunos movimientos de muros y todo se pudo salvar (o al menos está en
proceso). Al preguntarle a mi cliente la razón por la cual no contrató un
arquitecto desde un inicio, argumentó diciendo que “es muy caro”. Al hacer
cuentas de las demoliciones, materiales gastados en vano, tiempos de ejecución
y luego de demolición del personal de obra, el resultado fue aterrador para él,
se había gastado poco más del doble que si hubiese contratado un arquitecto
desde un inicio. Con ese dinero, pudo haber pagado un proyecto de decoración de
su casa, incluyendo algunos muebles. Eso sin contar el tiempo perdido por él
mismo al querer estar al tanto de la entrega a tiempo de los diferentes
materiales.
Los honorarios de los arquitectos no siempre son tan
elevados como muchos creen. Y siempre vale la pena pagarlos. El arquitecto es
el responsable de que el diseño planteado cree espacios agradables, armoniosos
y seguros, pero también de ofrecer al cliente alternativas que se adapten a sus
preferencias y presupuestos.
En la mayoría de los casos, el arquitecto actúa como
“traductor” entre los deseos del cliente y la realidad. Es como un catalizador
de sueños y aspiraciones. Recuerdo unas palabras de uno de los más grandes
arquitectos de este siglo, que haciendo una comparativa entre las diferentes
profesiones, expresó:
“…si estuviera enfermo, visitaría a un
doctor,
si tuviera dolor de muelas, visitaría
a un dentista,
si tuviera problemas legales,
contrataría a un abogado…
…pero si tuviera un SUEÑO, iría
corriendo a ver a un arquitecto.”
FIN
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